Memorabilia


La Alondra

    Murió esa fiesta. Celebraban el medio siglo de otra vida. Martín quiso festejarlo. Su regalo fue un grupo de música de amor latino. Bien latino. Recuerdo solo un tema que me conmovió: "Noche de Ronda", de Agustín Lara. El cantante, con bigotes, tenía mucho pelo, especialmente en su frente. Lo dejó crecer y se lo peinó para atrás, como lo arreglaban las peluqueras en los años sesenta. La tía Carmen hizo su trabajo. Le puso mucho espray. No se le movió la melena en toda su actuación. Las cantantes que lo acompañaban estaban perdidamente enamoradas de él. Era así. Nadie dudó.
    Al final, se escuchó la voz de una alondra. La había invitado Martín. Unos meses después escribió esta carta. Les leo lo más importante:
    Claudio ya no está. Murió. Prefiero recordarlo como fue: el amor de mi vida. Nació otro día. Es de otro signo y no es compatible conmigo. Quedará en mi corazón para siempre…
    Cuando la leí, no la entendí. Me era difícil comprender los textos. Me era difícil descifrar el pluscuamperfecto del subjuntivo. Tuve que hacer ejercicios para desentrañarlo. La guardé. La volví a leer y ya no la contesté. Fue otro final del cuento de mi primera vida. No fue un final feliz.
    Estoy viviendo una segunda oportunidad. Por algo fue. Me levanto y agradezco estar aquí. Hace unos años era completamente distinto. Soñaba con suicidarme. Pensaba qué lindo habría sido poner el título "The End" a mi película. Quería que fuera el de la Metro, con un león, coronado con un halo dorado. Que se leyera una frase en latín que aprendí en segundo año del colegio secundario: Ars Gratia Artis. No me interesaba el "Arte por el arte". Lo sentía muy trillado. Prefería que su imagen fuera idealista, diferente, digna del león de la Metro.
    Muchas veces me pregunto: ¿tendré más de dos vidas? ¿Habrá una tercera, una cuarta…? Si las hay, voy a contarlas, pero todavía no sé. ¿Llegaré a tener siete como los gatos? Nunca tuve uno, así que tampoco tengo esa respuesta. Son todas preguntas sin respuesta para mí hoy.
    Como Claudio había muerto, decidí llamarlo "Alejandro". Por algo tenía ese segundo nombre. Mis papás lo sabían y quisieron ponerme un nombre que les gustara a ellos para el segundo acto de esta pieza de teatro. El paso del tiempo me ayuda. Me enorgullece tener más experiencia que antes. De verlo casi todo desde otro lugar. Y sentir mucho más. La sensibilidad explotó. Siento que explotó bien. Sin hacerme daño. Vivo más cerca de mí. Escucho cómo late mi corazón. Cómo respiro. La vida me regaló un estetoscopio solo visible para mí.
    No creo en el amor eterno. Salvo en relación con dos personas que ya no están aquí, y por eso son eternas. No sé qué sentiría si estuviesen hoy aquí.
    El de la alondra fue un amor que terminó.
    En esta vida hay muchas alondras. Unas mueren y otras nacen. Como nosotros.

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Por Claudio Bevilacqua

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