Memorabilia


Tel Aviv

    ¡Hoy es martes 11 de octubre de 2016.
    Hace un rato despegó este avión. Estoy viajando de Tel Aviv a París.
    Cuando entré al avión, había una mesita al lado de la puerta de entrada con dos diarios. Uno era Le Monde, en francés, y el otro no sé qué diario sería, pero me di cuenta de que estaba en hebreo. Reconocí algunas letras como alef, bet, y shin, que es como la "doble ve" nuestra. Aunque no entiendo de qué habla la nota, paso las páginas para verlo un poco y familiarizarme con las publicidades. Lo leo como se debe, de atrás para adelante, como también escriben los árabes. Pienso que es raro que escriban en el mismo sentido, de atrás para adelante y de derecha a izquierda. Apenas pueda, voy a buscar por qué. Ahora no lo sé. Me lo anoto para buscarlo después.
    No aguanto mucho y abro el diario francés.
    La tapa del diario tiene una noticia que no me interesa, como siempre. Me detengo a leer una publicada en un pequeño suplemento de cuatro páginas ("L'époque"), con un título que me llama la atención:
    "La oficina individual, ¿va a desaparecer?".
    Está escrita sobre una foto que abarca casi toda la página. Muestra a un hombre de unos treinta años hablando por un teléfono de color negro, muy pesado, con un disco que empieza con el número uno, le sigue el dos y termina con el cero. Me acuerdo del que teníamos en casa, hace cincuenta años, cuando yo era chico. Ese número todavía lo recuerdo y lo uso para casi todas las claves que tengo que usar. Casi nunca falla.
    El teléfono que tengo ahora en mi casa, no lo uso nunca. No me acuerdo ni siquiera el número. En cambio, al móvil lo llevo a todos lados. Hace unos meses me lo robaron de la mano en una estación de subte en Buenos Aires. Lo había sacado para fijarme la dirección a la que tenía que ir. Era en la estación Pasteur. Justo sobre la Avenida Corrientes, que está llena de negocios que venden teléfonos celulares sin número. A la mayoría de los negocios los atienden peruanos jóvenes. Se les nota el acento, y parecen estar contentos con su trabajo.
    Mi nuevo celular tiene trece números. Nadie los sabe de memoria. Ahora, si alguien me llama, aparece su nombre. De lo contrario, el aparato advierte: "número no asignado". Decidí no atender nunca más si no sé quién me está llamando.
    En el aeropuerto de Tel Aviv, todos los jóvenes, y los que ya no lo eran tanto, entregaban su celular con el código de número de vuelo y asiento, y listo. Nada más hacía falta. ¡¡¡Es paperless!!!
    La foto de la nota del diario es un hombre de unos treinta y pico de años, acostado en el piso, con sus dos piernas apoyadas contra la pared en noventa grados. Está en una posición que se parece llamarse "Virapita Karani". Me pregunto si ése es el nombre del que inventó la postura, o si son palabras que significan algo en hindú. De todos modos, yo lo llamo al de la foto "Virapita Karani".
    El Sr. Virapita posa con unos anteojos muy modernos. A su edad, de tanto leer pantallas, los necesita.
    La tecnología los creó para casi todos los que trabajan hoy. Se los llama: "Celu-paper-less-yoga-time". No necesita traducción. Este viaje me enseñó algo nuevo.
    Empiezo a leer la nota, pero su foto me hace pensar que, en la actualidad, lo escrito está en un segundo lugar. Lo importante son las imágenes. Ellas dicen mucho más que las palabras escritas.
    Para que un idioma sea comprensible en forma masiva, tiene que estar escrito en oraciones cortas. El subjuntivo tiende a desaparecer. Si el texto es largo, está out, como lo llaman ahora.
    Las fotografías y la imagen son el medio de comunicación de los países que están a la vanguardia en el mundo.
    Creo que los textos largos van a ser incomprensibles para las generaciones futuras. La cantidad de letras, y no de palabras, va a ser el código. Los chinos nos llevan ventaja: tienen tantas letras como palabras.
    Vuelvo a la nota del diario. Las oficinas (como todas en la que yo trabajé) van a desaparecer. Ya se empezó a usar el alquiler de oficinas por hora, y el único tipo de reserva posible va a ser por un mensaje de texto a un celular.
    Ayer, desde el hotel en el que reservé para pasar esta noche en París, Silvy me confirmó que se equivocó.. Me había confirmado la noche para mañana y no para hoy. Se disculpó en inglés: "I'm sorry Claudio" (aim sorrí clodió). Cuando hizo la reserva por Internet me preguntó cómo prefería que me llamaran. Si por mi nombre, por mi apellido, señor o de otra manera. Me llamarían como yo le pidiese. Me acordé de mi perro Arqui y le contesté que me llamara así.
    Según esa nota, en unos años, más de la mitad de los trabajos va a realizarse por una computadora.
    Existe una tendencia, en lo que se llama el "mundo civilizado", a no usar papel. La nota del diario francés decía "zéro papier", y yo estaba leyendo esa nota en una página de papel. Ahí me di cuenta de que no soy civilizado.
    Ya existe el "ciber-trabajo". La directora de Recursos Humanos de Telecom París contaba que esto va a lograr que las empresas ganen un treinta por ciento más.
    Me da la impresión de que cada vez somos más descartables.
    Voy a hablar de esto en mi próxima sesión de psicología. Después les cuento.

  • Claudio Bevilacqua
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Por Claudio Bevilacqua

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