Memorabilia


1979 - El Colegio

    ¡Pucha!... Me eligieron a mí para dar el discurso de fin de año en el colegio.
    No me imaginaba esto, ni lo quiero. Pero está gobernando Jorge Rafael Videla y no puedo decir que no a nada.
    Casi todas las semanas me hacen quedar en la séptima hora porque hablé un poquito en alguna clase, o porque no me paré derecho cuando entran los profesores. Especialmente, esto pasa cuando entra el profesor de Física ("Newton", como lo bautizamos en la división). Ésa es la única materia que me llevé a diciembre, porque "Newton" me vio, antes de la prueba, con un machete en el que me había anotado una fórmula que no podía memorizar. De todos modos, pasé el examen, a pesar de que cayó martes 13 (de diciembre). En suma, los astros me ayudaron.
    La materia que más me gusta es latín. No necesito estudiarla. Creo que me aprendí las declinaciones de varias palabras para siempre. El chiste que todos hacemos es decir la frase: "Ego puto in orto meo", que en latín significa: "Yo pienso en mi jardín". Cada vez que entra la profe, algún compañero o yo decimos: "Ojo que ya entra puto in orto meo". Nadie la llama por su nombre real, que es Leonor Linsky.
    Agarro la Olivetti que me regaló papi para Navidad. Por suerte, hice el curso de la Pitman, y sé escribir a máquina.
    Pongo "las manos en posición", que son las mías, y escribo:
    Más allá de toda etimología o de definición enciclopédica, por erudita que sea, poseemos todos, al expresar la palabra independencia, una sensación de placer interior que se podría decir que nos es innata.
    Después, sigo con la afirmación de que el único foco de libertad que podemos designar como tal, es Buenos Aires.
    Pero si esto es así (me pregunto por un instante)¿cómo serán, entonces, las otras ciudades y países del mundo?
    Es tan serio todo lo que está pasando en el "único foco de libertad" existente, que una tarde, cuando volvía a mi casa caminando, un patrullero se detuvo y me pidió el documento (yo estaba justo en la calle Mexico, entre Salta y Santiago del Estero). Por supuesto, lo tenía conmigo. No se puede salir a la calle sin él. El policía me preguntó qué estaba haciendo. Le contesté que volvía del colegio, y entonces me preguntó hacia dónde me dirigía. Le contesté que a mi casa. Quiso saber por qué iba caminando. Le dije que me había quedado sin cospeles y no tenía plata para comprarlos. Me revisó la mochila y me advirtió que no tenía que andar por ahí a esas horas (eran las siete de la tarde). Por ser invierno, ya había oscurecido.
    Repito, el texto que escribo ahora, al terminar sexto año, dice: "El único foco de libertad que podemos designar como tal, es Buenos Aires"...

    * * *

    Hoy, tantos años después, me pregunto: "¿Por qué no escribí la verdad?". No lo sé. De todos modos, no imagino qué habría podido decir. El miedo estaba presente en todos lados.

  • Claudio Bevilacqua
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Por Claudio Bevilacqua

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