Memorabilia


El Accidente

    14 de noviembre de 2009.
    Tengo frente a mí un cuadro de Antonio Berni. Y evoco la tarde en que cambió mi vida para siempre. En el auto, íbamos cuatro. O, a lo mejor, con mi ángel de la guarda, éramos cinco. Ya sabrán por qué. No digo sus nombres reales, porque no es necesario. Basta con que puedan distinguirlos en el relato. A los protagonistas los llamaré Olbia, Bruno, Monti y Claudio.
    Seré lo más exacto posible. Aunque esa exactitud se la debo no a mi memoria (que guarda pocos recuerdos del instante fatal), sino a la de Monti que sí recuerda todo muy bien.
    El escenario es Punta del Este, Uruguay. El año, 2009. En ese lugar y tiempo se desencadenó el drama que les voy a contar ahora. Drama en varios actos, por supuesto, así que vamos paso a paso.
    Podría empezar este relato desde muy atrás. Pero vayamos a la tarde del 14 de noviembre de ese año fatídico. Los cuatro estaban tomando el té, a las 17 hs, en Las Cumbres de La Ballena. Todo parecía normal. ¿Qué malo le puede pasar a alguien después de tomar una infusión tan inofensiva? En teoría, nada. Conversaron y eligieron una excelente merienda. Y a las 18:45 fueron a comprar comida para la cena en el Supermercado Érika de la Ruta 10. Sí, ese que hoy se llama Tienda Inglesa. Claudio, después del accidente, también cambiaría el suyo. Hicieron algunas compras de alimentos y partieron rumbo a la casa de campo de Claudio en Uruguay.
    Manejaba Bruno. Lo cual, seguramente, no fue buena idea, porque como es sabido, a los bailarines les place dar saltos y girar. Pero el DESTINO pone al volante a quien él quiere. Y en esa precisa ocasión le tocó a Bruno. Tomaron la Ruta 12. Bruno manejaba el vehículo. Recorrieron 16 kilómetros en ella. Bruno y Olbia iban adelante. Monti y Claudio, en el asiento de atrás.
    Durante el viaje, Bruno y Olbia no paraban de hablar. De hacerse bromas. De reírse a carcajadas. Contaban anécdotas de Italia. Criticaban a actores. Comentaban escenas de telenovelas. Todo en un tono cómico y hasta un poco sarcástico, y con la música de la radio de fondo. En la ruta 104, doblaron a la derecha hasta el kilómetro 9. Y al doblar a la altura de ese kilómetro, en el camino vecinal que conduce al Polo Medellín, Bruno hace una pregunta muy propia de su oficio, pero muy impropia para esa ocasión en particular:
    "¿Quieren saltar?" Olbia le respondió que sí. Monti y yo no alcanzamos a decir nada, porque Bruno aceleró. Encaró a toda velocidad el badén. En ese instante Bruno y el auto perdieron el control. El conductor dio un volantazo a la izquierda. Como resultado, el auto dio un primer vuelco. Y un segundo vuelco. Y un tercero… Silencio.
    –¡Están muertos! –gritó Olbia, dando por hecho que Monti y yo habíamos perdido la vida.
    Pero Monti, que había perdido el conocimiento por unos minutos, escuchó esos gritos.
    –¡No! ¡Yo estoy bien!... ¡Pero dónde está Claudio! Claudio había salido despedido del auto. Estaba tirado al costado del camino.
    Monti intentó levantarse. Pero sintió un enorme dolor en el hemicuerpo derecho.
    Monti buscó alrededor suyo a Claudio y vio que estaba tirado inconsciente sobre el camino boca arriba, a metros de él.
    –¿Cómo estás? Le preguntó, angustiado. Pero Claudio no le respondió.
    Volvió a preguntarle cómo estaba. No respondió.
    Dudó de si estaba vivo. Pero enseguida comprobó que sí. Que respiraba. En la parte superior del cráneo, vio sangre. Monti oyó los gritos histéricos de Olbia y de Bruno. Que se abrazaban. Lloraban… "¡Me quiero morir!", gritaba Bruno. Ya no quería saltar. Ni bailar. Ni reírse. Ni burlarse de gente que conocía. Ni recordar sus viajes. Ni bromear. Ni contar sus anécdotas de viaje. Ni hacer sus críticas a muchos actores. Ahora solamente decía que quería morirse. Pero lo cierto era que el único que estaba al borde de la muerte era Claudio.
    Monti les dijo que fueran a la ruta a pedir auxilio. La ruta 104 está a unos 600 metros del lugar del vuelco.
    –Claudio -. Le dijo Monti al oído–. Vas a ponerte bien–. Claudio no lo oyó. O tal vez sí. No sabemos.
    El brazo derecho de Claudio, de repente, se movió solo. Se estiró sin que nadie se lo ordenara. "Esto es una convulsión", pensó Monti. Inmovilizó con sus dos manos la cabeza de Claudio y su cuello para proteger su columna cervical y así liberar su respiración. En ese preciso instante, Claudio no respiraba. Monti le giró la cabeza hacia la derecha para liberarle la vía aérea, y que así pudiera volver a respirar y a vivir.
    Apareció una camioneta blanca. El conductor informó que había llamado a la ambulancia. Olbia y Bruno no paraban de gritar, abrazados, a unos diez pasos de donde estábamos Monti y Claudio. Aunque Claudio estaba y no estaba ahí.
    Al fin, llegó la ambulancia que pertenecía a La Asistencial. Se bajó una médica de entre 40 y 50 años. Su cabello era castaño claro. Se acercó a Claudio y lo tomó de su cuello. Se acercó un asistente de la ambulancia. Monti les dijo que él era médico. Que tenían una cobertura de salud por la que accedían al Sanatorio Cantegril en Punta del Este. Le colocaron a Claudio un cuello ortopédico rígido, color castaño. Lo subieron a una tabla-camilla de color amarillo y después a la ambulancia. Monti miró a Claudio. Soltó a llorar. Vio que lo estaban entubando (colocándole un tubo dentro de la laringe para que pudiera seguir respirando).
    La ambulancia emprendió su camino, raudamente, hacia Punta del Este. Sólo lo llevaron a Claudio. Pronto llegó otra ambulancia a buscar a los demás. Monti se quedó tirado en el pasto, llorando.
    Llegó la otra ambulancia al lugar del siniestro. Los revisaron. Olbia estaba ilesa. Bruno tenía un corte en el cuero cabelludo y una fractura de clavícula. Monti tenía fractura de la clavícula derecha, una fractura del omóplato derecho, y de una costilla del mismo lado. Los llevaron al Sanatorio en esa ambulancia...
    Monti está solo en una camilla, en la guardia.
    En el "shock-room", separados por paneles de durlock se encuentran Monti, Bruno y Olbia. Monti en una camilla. Bruno en la camilla contigua, acompañado en todo momento por Olbia. Lloran. Bruno insiste en querer morir porque todo lo ocurrido fue por su culpa. Olbia le dice que no, que fue un accidente. Olbia no se mueve de al lado de Bruno. Horas después, un médico le informa a Monti que Claudio fue operado del cerebro, porque tenía múltiples hematomas cerebrales y estaba muy grave. Que en ese momento estaba en Terapia Intensiva, y que su estado era crítico. Monti le preguntó si era verdad. Quiso saber si en realidad Claudio estaba muerto. No recuerda la respuesta del médico. Olbia llama a su esposo Pedro. Le cuenta lo que sucedió. Pedro llama a un sobrino de Claudio, quien a su vez se contacta con Marcia, la hermana de Monti.
    Al otro día, al despertarse, están en el habitación de Monti, su hermana, y su sobrina enfermera Silvina. Pedro también estaba allí. Lo cuatro habían viajado desde Buenos Aires.
    Monti queda internado cuatro días en una habitación grande individual. Había que descartar que tuviera una contusión pulmonar.
    Le pregunta al médico por Claudio, y le dice que sigue internado en Terapia Intensiva en estado crítico.
    Recién puede ir a verlo a Terapia al quinto día.
    Ése día ya estaban en el Sanatorio Cantegril varios amigos importantes de su vida. Todos esperando el informe de la evolución de Claudio.
    Bruno había sido dado de alta y ya había vuelto a Buenos Aires.
    El primer recuerdo de Monti es haber visto a Claudio en la camilla de Terapia Intensiva con respirador. Con el cuerpo completamente hinchado. Parecía más alto y grande de lo que había sido. Era monstruoso verlo.
    Claudio estaba tapado con una sábana blanca.
    Monti acarició la mano de Claudio y no tenía ninguna respuesta. Claudio no hacía ningún tipo de movimiento.
    La cabeza la tenía completamente vendada, como si fuera un casco. Tenía incrustado un catéter que medía su presión intracerebral.
    Los informes médicos, que eran a la 19 hs, decían que la presión intracraneana estaba un poco alta. Que seguía en estado crítico. Completamente adaptado al respirador. Había que esperar la evolución.
    Así transcurrió un mes, aproximadamente. Abrió sus ojos por primera vez.
    No tenía ninguna respuesta de movimiento. Continuaba conectado al respirador.
    Le informan a Monti que no lo podían trasladar a Buenos Aires por la gravedad en la que estaba.
    Recién a los dos meses fueron trasladados en un avión sanitario. Viajaron Alberto, Monti y Claudio. Los acompañaron un médico y un enfermero.
    El avión era un turbo-hélice chiquito en el que apenas entraban.
    Claudio continuaba en una camilla, conectado a un respirador y con suero.
    Monti viajó cerca de sus pies, y se los acarició todo el viaje con su mano izquierda. Monti tenía completamente inmovilizado el brazo derecho por la fractura.
    Llegaron al aeropuerto de San Fernando.
    Los esperaba una ambulancia de traslado que los llevó al Sanatorio Fleni de Belgrano.
    Allí le volvieron a realizar a Claudio todo tipo de estudios. Lo internaron en Terapia intensiva.
    Al día siguiente dieron el primer parte médico.
    Todos se sorprendieron, porque hablaron de una lesión a nivel de la columna cervical. Es decir, que estaba cuadripléjico. Unas dos semanas después le sacaron el respirador. Ya tenía una traqueotomía y le colocaron sobre ella una gasa pequeña.
    Lo internaron en una sala intermedia y, luego de unos días, en una sala común. En una habitación individual con un sillón muy cómodo frente a la cama.
    Claudio estaba despierto y el único movimiento que hacía era lo que se conoce como prensión, que es apretar la mano.
    De a poco empezó a conectarse a la realidad. Sin ninguna iniciativa, de forma totalmente involuntaria. Empezó a tener episodios de excitación psicomotriz. Se quería sacar el tubo T, de la tráquea. Decidieron atarle las manos.
    Un día Monti quiso acariciarle la cara y Claudio le mordió el dedo anular de la mano izquierda.
    Le pidió ayuda a una enfermera y ella logró sacarle el dedo de su boca. El dedo tenía un pequeño corte.
    Fue mejorando sostenidamente. Le sacaron el tubo en T de la tráquea.
    Claudio ya movía los cuatro miembros, sin ninguna intención.
    No era algo que quisiera hacer, era totalmente involuntario.
    Continuaron haciéndole estudios y controles hasta que una tarde, Monti llega a Fleni. Claudio ya no estaba en la habitación. Alberto le dice a Monti que lo habían llevado a hacer un estudio hacía unas dos horas y que todavía no había vuelto.
    Monti pregunta en enfermería dónde estaba Claudio, y le contestan que estaba en el segundo subsuelo. Monti va allí, pero no lo encuentra.
    Le dicen que Claudio estaba en el primer subsuelo y que no lo subían a la habitación por un inconveniente en el ascensor.
    Monti sube al primer subsuelo y encuentra a Claudio en una camilla. Lo saluda con un beso. Y le explica que están esperando para ir a la habitación.
    Claudio no tiene ninguna respuesta. Solo los ojos abiertos.
    En ese momento Monti le dice: "dame un beso", y Claudio lo hace con intención voluntaria. Sorprendido, Monti da otra vez esa orden, y Claudio repite la misma acción.
    En ese instante Monti se da cuenta de que entró en estado de conciencia, es decir, que comprendía órdenes simples.
    Monti relata que para él ése fue el momento más feliz de su vida que él recuerde.
    Los médicos pensaban que en los próximos días Claudio debería pasar a ser internado en un Centro de Neurorehabilitación para continuar su mejoría.
    Fui trasladado a la Clínica Ciarec de Villa Urquiza. Allí comenzó su rehabilitación en silla de ruedas, con las piernas totalmente vendadas para que no sufrieran de trombosis.
    Así transcurrieron varias semanas.
    Monti tuvo que organizar turnos de cuidadores durante todos los días para que lo acompañasen todo el tiempo, y así pudiera controlarse que no ocurriera nada fuera de lo común.
    Colaboraron muchas personas en este proceso.
    Otro momento importante fue cuando empezó a recuperar la memoria que había perdido completamente durante varios meses.
    Claudio le preguntó a Monti dónde estaba su mamá.
    No recordaba su propio nombre, ni dónde vivía, ni qué idioma hablaba. No tenía ningún tipo de información.
    Además, había perdido toda inhibición. Se podía desvestir sin problemas, donde fuera. El mundo había cambiado completamente para él. Monti había cambiado también. Nada era igual. Entonces quiso cambiar su nombre.
    Pasaron muchos años de aquél accidente. Todavía hoy, siento algunas consecuencias. A veces pierdo el equilibrio, y hay palabras que no afluyen a mi memoria. Pero estoy recuperado. Sin embargo, nada es como antes. Es muy difícil relatar los innumerables cambios que causó en mi vida ese "vuelco". Quizás, podría resumirlo, en estas pocas palabras, para que se comprenda la rotunda transformación que sufrí: Claudio Alejandro Bevilacqua, un destacado ejecutivo argentino, sufrió un accidente automovilístico que lo dejó un mes en coma. El impacto desordenó el orden de sus nombres propios. Al despertar del coma, Alejandro Claudio Bevilacqua, era escritor.

  • Claudio Bevilacqua
background

Por Claudio Bevilacqua

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