Memorabilia


El día después. 5to día.

    Hola… hoy tengo organizados dos programas.
    En la mañana visité la que fuera la Casa de Anna Frank, y por la noche asistí a un concierto en el Concertgebouw.
    Me senté a escribir un resumen de lo que viví en la casa de Anna Frank y quiero compartirlo con ustedes.
    El lugar es el café de la casa en que ella vivió. Sentí en la visita que hay una "puesta en escena" para que una historia trágica (desde todo punto de vista) se convierta en algo atractivo, como la edición de libros, fotos, videos, discos, etc. para entretener a los que la visitamos. Desde mi visión, la historia de Anna Frank es importantísima. Creo que todo el marketing montado alrededor de su vida, hace de ella un ser ajeno a la vida normal, y esto no es bueno a la hora de contar su historia.
    A través de la ventana de mi cuarto veo una casa muy bonita, de madera. La casa flota. Es la unión de una casa y un barco. De este tipo de casas existen 2.400 en Amsterdam. Frente a esta "casa flotante", del lado del río en el que estoy, hay un container de una obra en construcción.
    Lo que veo es que los dos lugares son esencialmente lo mismo, y que tienen un formato idéntico: las dos son iguales en su forma exterior y las dos tienen dentro vida humana. Un amigo supo ver esto hace años y compró contenedores, los recicló e hizo una casa muy, muy confortable, que ya funciona y está del otro lado del río, en Uruguay. Lo increíble para mí de algo tan simple, es que esto tiene un precio muy razonable, muy inferior al de las casas tradicionales, y con la ventaja de que se las puede construir en mucho menos tiempo y con la calidad que permite un uso y conservación por décadas (además del transporte, si no existieran las fronteras).
    La visita a la casa de Anna Frank me trajo recuerdos de mi pasado en varios sentidos: Anna Frank tenía practicamente la misma edad de mis padres, lo que me permite entender con claridad lo que ellos vivieron en esa época, aunque (geográficamente) a gran distancia. Lo que descubrí en su casa que me acercó a mi historia de vida, es haber sentido que la vida en la comunidad judía ha estado y se ha sentido de alguna manera emparentada con la ilegalidad y persecución que hubo en la Argentina durante mi adolescencia respecto de la orientación sexual. Los judíos en la Argentina han sido históricamente discriminados, y los que tienen "algo diferente" a los ojos de la mayoría, también.
    Ser "diferente" a lo que son las mayorías que viven en un lugar determinado, era considerado algo terrible y en algunos casos se los trataba a esos "distintos" como a delincuentes, y estaba penado por la ley. De mi adolescencia a aquí, las cosas han cambiado, pero pareciera ser que a la sociedad todavía le cuesta admitir que todos somos iguales (todos nacemos y morimos), sin importar la religión, el sexo, la altura, el color... Pero me parece que esto nos hace enfrentar algo que querríamos que no existiera. Si entendiéramos que el final va a existir para todos, quizás podríamos lograr vivir cada segundo como mejor nos parezca, por supuesto sin interferir en la vida de nadie, porque esto se convertiría en un círculo vicioso del que sería muy difícil (o casi imposible) salir.
    Al dejar la Casa de Anna Frank leí un cartel que escribió el padre de Ana, Otto Frank, en 1970. Mi traducción del texto es: "No podemos cambiar lo que pasó. Lo único que podemos hacer es aprender del pasado y darnos cuenta de lo que es la discriminación y lo que significa la persecución de gente inocente. Creo que es el deber de cada uno de nosotros luchar y pelear por la no-discriminación en todo sentido. Otto Frank, 1970".
    La visita a la casa de Anna Frank me dejó muy bien y me ayuda a pensar.
    Esta noche voy a escuchar un concierto con muchas ganas, y mañana partimos en tren hacia París.
    Desde allí sigo.
    Abrazo, beso.
    Ale.

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Por Claudio Bevilacqua

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