Memorabilia


El Día Después …

    Los relatos que siguen a continuación, los escribí muchos meses después del accidente que me quitó la memoria, obligándome a tener que aprender (nuevamente), a hablar, caminar, escribir, sonreír… No reconocía a las personas que había amado. Ni los lugares en que había vivido. Fue un volver a empezar de cero. Los antiguos decían que al morir se atraviesa un río del olvido. Yo lo atravesé, pero regresé vivo a este otro lado. Confundido. Desvalido.
    Sin poder reconocer mi rostro en el espejo, ni mi nombre en mi propia voz. Por eso, decidí adoptar mi segundo nombre: "Alejandro", que nunca antes había usado, y dejar el "Claudio" para aquél que yo había sido "en mi existencia anterior".
    A estos breves relatos, los reuní bajo el título "EL DÍA DESPUÉS". El mundo que yo había conocido, se había esfumado en el cataclismo sufrido por mi mente, y debí ir a la búsqueda de esa Atlántida perdida que era mi vida pasada. Fue un largo viaje. Una inmersión a oscuras muchas veces desesperante, con el atisbo de una luz lejana por guía, que por momentos parecía una estrella, y por otros, un faro en ruinas, sumergido. En esa búsqueda, muchas veces no supe si ascendía, o si me hundía más y más. Entre tanto, viajaba para visitar los lugares que un día había frecuentado. Hacía ejercicios esforzados para recobrar el dominio de mi cuerpo. Dibujaba las palabras como un infante que acaba de descubrir lo arduo que es dar forma a la letra "a", sobre todo en su versión minúscula, y lo mismo con las otras "voces" del abecedario. Y así, paso a paso, y con la ayuda de muchos, logré volver a andar, a recordar, a comer por mí mismo, a reconocer los rostros desdibujados, a sonreír y amar la vida, y… a escribir.
    15 de octubre de 2013 Hola, quiero contarles qué cosas han sido importantes para mí hoy, en mi primer viaje después.

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Por Claudio Bevilacqua

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